
Mis demonios como los de todos suelen acechar por las noches .Los escucho, los veo, los racionalizo, pero no puedo manejarlos.
Estos, los míos, bailan con mis fantasmas y duendes en el techo, me escupen, me gritan y se burlan a mis espaldas.
Son jodidos mis demonios, pero, puta madre, como los disfruto y como los sufro.
Bailan en viernes ,me torturan en la semana, no me dejan respirar, trato de conjurarlos hasta volver a disfrutarlos.
Quisiera que siempre fueran alegres y bailarines, humildes casi conocedores de mi inferioridad.
Pero no, la diablada que viene a visitarme es mas parecida a una jauría de perros callejeros hambrientos, atacan por todos los frentes muerden y escapan.
Se que todos los tenemos, acaso algunos mas tranquilos, algunos mas rabiosos, pero lo peor es negarlos, porque cuando aparecen desgarran.
Siento sus aleteos cercanos, perfectos aterrizajes en mi terraza, cuando se acercan, y se tropiezan con mis zapatos en el armario, bajo mi cama, intentan sorprenderme ,pero no pueden contener su risa, se delatan a si mismos con bufidos ahogados, sabedores que se apoderaran en breve del yo con si fácil.
A veces se confunden de puertas y quedan encerrados durante horas en el baño, hasta que la luz de la mañana los disuelve y los convierte en cenizas.
¿Estos, mis demonios, serán los mismos de todos?,
¿o cada uno tendrá los que merece?
En todo caso esta claro que el tiempo de la negación no fue por ignorancia, sino por necesidad.
El solo echo de reconocer que están,¿ será una manera de enfrentarlos?
Yo te engañe cuando te dije que si
Yo pensaba en otra cuando me besaste
Yo probé por curiosidad, ahora me gusta
Merde!
En este mundo posmoderno ¿habrá que aceptar que mis jodidos demonios no son mas que metáforas románticas de mis propios miedos personales?¿ de mis propias huevadas ?
De todas formas, siempre cabe la esperanza, y es que conociéndolos, uno se va habituando. No dejan de ser agresivos, gratificantes, dolorosos, pero uno va aprendiendo sus estrategias, comienza a saber cuál ataca primero, cual el débil, cuál el cobarde, cual el hipócrita.
Empieza a entender que no vienen, sino que uno los convoca, y si uno los llama también puede no invitarlos.
Como sea ya se hizo lunes, mis demonios descansan



