Cuando se abre en la mañana, roja como sangre está, el rocío
no la toca porque se teme quemar..."
(Doña Rosita la soltera, Federico García Lorca)
No hay rosas sin espinas o ¿no hay espinas sin rosas?
Eterno dilema de literatura y poesía, el del huevo y la gallina.
¿Para acceder a ese estadío de belleza y felicidad habrá que
soportar el dolor previo? o ¿ después del paraíso siempre
habrá que pagar el costo del infierno?
Dice la leyenda que un dios la creo hermosa entre las flores,
ansiada y deseada; y la doto de espinas que la hacían a la vez
inaccesible y doblemente deseada.
La rosa es, sin dudas, una figura simbólica que encierra
múltiples significados; de echo es desde el símbolo del
socialismo hasta el ¡ logo deportivo de un equipo ingles!
Quizá por eso mismo ha perdido su significado esencial.
Aquel origen en que los poetas atribuían a la corola
identificando la riqueza del alma, a la distribución de
sus pétalos como la perfección y a la delicadeza de sus
colores, la infinidad de los sentimientos.
Ellos creían que para ser lo que es, o lo mejor que puede
ser, la rosa debió protegerse para crecer y sobrevivir.
Negros pensamientos, pareciera ser que el placer
está en el displacer, que la belleza esta entre espinas,
que rosa y espinas son diferentes expresiones de una
misma belleza.
Pétalos y perfume no es lo único que cuenta.
No hay rosas sin espinas, y sin espinas no hay perfume.
1 comentario:
buaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, gracias Negro.
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