lunes, 14 de enero de 2008

belleza y felicidad


Cuando se abre en la mañana, roja como sangre está, el rocío

no la toca porque se teme quemar..."


(Doña Rosita la soltera, Federico García Lorca)

No hay rosas sin espinas o ¿no hay espinas sin rosas?

Eterno dilema de literatura y poesía, el del huevo y la gallina.

¿Para acceder a ese estadío de belleza y felicidad habrá que

soportar el dolor previo? o ¿ después del paraíso siempre

habrá que pagar el costo del infierno?

Dice la leyenda que un dios la creo hermosa entre las flores,

ansiada y deseada; y la doto de espinas que la hacían a la vez

inaccesible y doblemente deseada.

La rosa es, sin dudas, una figura simbólica que encierra

múltiples significados; de echo es desde el símbolo del

socialismo hasta el ¡ logo deportivo de un equipo ingles!

Quizá por eso mismo ha perdido su significado esencial.

Aquel origen en que los poetas atribuían a la corola

identificando la riqueza del alma, a la distribución de

sus pétalos como la perfección y a la delicadeza de sus

colores, la infinidad de los sentimientos.

Ellos creían que para ser lo que es, o lo mejor que puede

ser, la rosa debió protegerse para crecer y sobrevivir.

Negros pensamientos, pareciera ser que el placer

está en el displacer, que la belleza esta entre espinas,

que rosa y espinas son diferentes expresiones de una

misma belleza.

Pétalos y perfume no es lo único que cuenta.

No hay rosas sin espinas, y sin espinas no hay perfume.


1 comentario:

leidimeneguzzi dijo...

buaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, gracias Negro.